La historia de Erney: un corazón reparado a tiempo y el conmovedor abrazo con su perro

Erney junto a su mejor amigo Aquiles en la Clínica Cardio VID.
Erney junto a su mejor amigo Aquiles en la Clínica Cardio VID.

“No lloré cuando me dijeron que era un infarto. No lloré después de la cirugía. Lloré cuando vi a mi perro llegar”, dice, al otro lado del teléfono, Erney Betancour Bedoya, paciente de la Clínica Cardio VID. 

 

Tiene 53 años, recién cumplidos. Le gusta montar bicicleta, trabaja como controlador hidroeléctrico y tiene dos amores que sostienen los latidos de su corazón: Gabriel, su nieto que está a punto de nacer y Aquiles, un perrito de once años que considera como un “hijo”. 

 

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El peludo amigo, dice Erney, fue un “ángel guardián” que estuvo presente en su momento más crítico. 

 

El 14 de enero pasado, mientras sacaba a su perro a pasear, sintió que Aquiles lo jaló con más fuerza de lo normal. Erney sintió un golpe seco en el pecho y una presión intensa lo obligó a detenerse. Se sentó. Tomó agua. Respiró y logró controlarse. Acababa de vivir los primeros síntomas de un infarto. 

 

Llevaba meses en los que sentía sensaciones extrañas: se cansaba en trayectos que antes disfrutaba sin dificultad y pequeños pálpitos que lo hacían regresar a casa sin terminar sus rutas en la bicicleta. 

 

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En la madrugada del 15 de enero, y con la preocupación que le desfilaba por su mente, decidió salir de su turno nocturno directo a la Clínica Cardio VID. La vida se abría paso, todos los semáforos que se encontró estaban en verde. 

 

Mientras manejaba, el dolor en su pecho incrementaba. Logró llegar a urgencias. El diagnóstico confirmó: un infarto y tres arterias parcialmente obstruidas. En la Clínica Cardio VID le hicieron una cirugía de corazón abierto, el 23 de enero, mediante bypass. 

 

“Estoy profundamente agradecido con Dios, con la vida y con todo el personal de la Clínica. Fueron más de 60 personas que estuvieron pendientes de mí: desde el vigilante, hasta los cirujanos, médicos y el personal de enfermería. Fueron ángeles”, afirma Erney. 

 

En España, su hijo Miguel y su esposa Paula esperan un bebé. El parto está programado para finales de febrero o principios de marzo. Durante su recuperación, y en el silencio de la habitación, le escribió una carta al niño en la que contó su historia y prometió leerla cuando el bebé esté más grande.

 

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Aquiles también fue parte fundamental de su recuperación. Mientras Erney tomaba el sol en uno de los jardines de la Clínica vio entrar a su peludo compañero con unas rosas entre su hocico.  

 

—Hermoso, mi niño. Venga para acá y nos abrazamos. Tan bello.  —Decía Erney mientras su amigo de cuatro patas no dejaba de mover la cola. 

 

Su corazón fue reparado a tiempo. Late con gratitud. Late por su familia. Late por Aquiles, su ángel guardián. Y late, sobre todo, por ese nieto que muy pronto podrá cargar en brazos.

 

“Quiero expresar un agradecimiento inmenso a la Clínica Cardio VID: al personal administrativo, al equipo de cirujanos, enfermeros, jefes de turno, personal de limpieza, alimentación, vigilancia y a todos los grupos que hacen posible que los milagros ocurran cada día en este lugar maravilloso”, señaló Erney.

 

¡Clínica Cardio VID, 60 años de amor y entrega al servicio de la vida!