Un gol en el último minuto, un penal decisivo o el pitazo inicial de un partido de la Selección Colombia pueden desencadenar una avalancha de emociones. Hay quienes saltan, lloran, abrazan a desconocidos o sienten que el corazón late con más fuerza. Aunque parezca solo una reacción de los aficionados, la ciencia demuestra que detrás de estas emociones existe una explicación neurológica.
Según explica Jorge Ignacio Celis, neurólogo de la Clínica Cardio VID, la pasión por el fútbol activa en el cerebro circuitos muy similares a los que se ponen en funcionamiento cuando una persona está enamorada.
Esta relación fue evidenciada por investigadores de la Universidad de Coimbra, en Portugal, quienes encontraron que el seguimiento y la identificación emocional con un equipo de fútbol despiertan mecanismos cerebrales asociados con el placer, la recompensa y el vínculo afectivo.
Cuando nuestro equipo realiza una gran jugada o marca un gol, se activan regiones del córtex frontal relacionadas con la sensación de recompensa. Como consecuencia, el cerebro libera dopamina, un neurotransmisor que genera bienestar, satisfacción y una intensa sensación de placer.
Esta respuesta explica por qué una celebración deportiva puede sentirse tan intensa y por qué los recuerdos de determinados partidos permanecen vivos durante años.
Uno de los hallazgos más llamativos del estudio es el papel de la amígdala cerebral, una estructura encargada de procesar las emociones.
Los investigadores observaron que, en algunos aficionados, esta región puede activarse incluso con mayor intensidad que en personas que experimentan amor romántico. Es decir, el vínculo emocional con un equipo puede movilizar respuestas cerebrales sorprendentemente profundas.
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Además, el cerebro tiene una tendencia natural a conservar con mayor fuerza los recuerdos positivos y a disminuir el impacto emocional de las derrotas, un fenómeno que también ocurre en las relaciones afectivas.